sábado, 18 de julio de 2020

PANORAMA HISTÓRICO DE TULUÁ

Tengo en mi poder una copia deteriorada del escrito efectuado por mi tío DANIEL POTES LOZANO titulado Panorama Histórico de Tuluá, elaborado por encargo por la junta directiva del Hospital San Antonio de Tuluá, en 1.939, establecimiento de iniciativa privada y de caridad, establecimiento que desapareció de y dio paso al Hospital departamental Tomas Uribe.
Daniel Potes Lozano Abogado de la Universidad del Cauca, diputado en varios periodos, secretario privado de los gobernadores Pedro A. Molina y Manuel A. carvajal, periodista, escritor y asesor jurídico Compañía de Electricidad de Tuluá y mienbro en varios periodos de la junta directiva de la misma compañía de electricidad.
por la dificultad de publicar es escaneo de esta obra solo por ahora transcribo las primera paginas del documento, donde esta la introducción y un acercamiento a la fundación de Tuluá.


INTRODUCCIÓN
            Debemos al obligante cuanto honroso encargo de la junta Directiva del Hospital San Antonio de Tuluá, escribir una reseña histórica de una de las obras que roban por atavismo nuestra simpatía; de una institución amada por Tuluá; amiga de todos; puesta bajo la egida de humildes y abnegadas hijas del Pobrecillo de Asís, las religiosas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia quienes, en su misión de caridad, no saben distinguir clases ni dolencias y que, como sublime Padre, llaman con el mismo acento suave, hermana al agua, como hermano al lobo, hermano al rico, como el desheredado, teniendo siempre presente la sabía máxima del gran apóstol de la caridad, San Vicente de Paúl, de que “todo pobre es miembro de la familia del rico”.
            Debimos declinar el honor que se nos hacía: nuestras aptitudes, nuestros escasos conocimientos en una ciencia como la Historia, nos inclinaban a ello; pero un imperativo superior nos decidió, nos dio valor para acometer la empresa. Nombres queridos los unos, venerados todos, como los de Julia Restrepo de Cifuentes, Ester Lozano de Potes, Aurea Girón, Paulina de Zuluaga, Tomás Uribe Uribe, Pastor Alvarado, José Antonio González y otros, entre muertos y sobrevivientes, todos benefactores del Hospital, han hecho que emprendamos la tarea, pues ellos sabrán ayudarnos benévolamente a salir airosos, haciendo que sus sombras bienhechoras traigan la indulgencia sobre nosotros, que hemos puesto en esto sino una buena dosis de voluntad y de cariño.

PANORAMA HISTÓRICO DE TULUÁ
TULUA. Al iniciar estos apuntes sobre la historia del Hospital nos hemos preguntado, ¿por donde la principiaremos? ¿Nos limitaremos a señalar como punto de partida el año 1.897 en el cual un grupo de damas y caballeros llevaron de la concepción a la realidad la idea de la fundación de un hospital en Tuluá? ¿Deberemos trasegar un poco por las desconocidas sendas de la historia de nuestra ciudad que se enorgullece de contar con esta institución de beneficencia, para sacar la consecuencia de que dado el espíritu tulueño, sus habitantes no podían ser extraños ni indiferentes a su fundación?
            Esta última razón nos impelió, no sólo a escribir una reseña sobre el Hospital, sino a publicar algunos documentos y a pergeñar algunas líneas sobre Tuluá.
            Guiados por ese fanal que nos legara Guillermo E. Martínez Núñez, que se llama “Monografía de Tuluá”, es de suma importancia hablar algo del Tuluá que se asomó, va para tres siglos, en este valle del Cauca, merced al ojo avizor de ese aventurero, de ese hombre de múltiples empresas, de ese caballero andante que hoy moraba en las nevadas faldas del galeras y mañana en las gélidas de Barragán, que vino a morir casi en la indigencia en la ciudad de los Remedios (Antioquia) después de haber perdido todos sus bienes de fortuna y fracasado en todas sus empresas, menos en una, en la de fijar, al establecer sus estancias, el sitio donde se asienta nuestra ciudad, DON JUAN DE LEMOS y AGUIRRE, a quien puede aplicársele lo que dice Alonso de Ercilla en el segundo canto de “La Araucana”, de que

                                    Muchos hay en el mundo que han llegado
                                    a la engañosa alteza de la vida,
                                    que fortuna los ha siempre empujado
                                    y dándoles la mano de subida;
    para después de haberles levantado
    derribarlos con misera caída,
    cuando es mayor el golpe y sentimiento
    y menor el pensar que hay mudamiento.

            Los españoles de mostraron en las fundaciones de los pueblos hechas durante la Conquista poseer un refinado espíritu urbanista. Cuidaban de buscar emplazamientos salubres, próximos a cursos de aguas, prefiriendo las extensiones llanas y en las que hubiera facilidades para el aprovisionamiento de sus moradores. La determinación de un lugar exigía averiguaciones previas y se sometían estas a sujetos que tuvieran acreditada pericia.  Seguían en una palabra, lo que Carlos V ordenó en la ley 1a., ordenanza 2a. de 1.525, sobre poblaciones. Se ordenaba en ella que al hacer nuevas ciudades se observaran entre otras, las siguientes prescripciones:
            “Procure, tener agua cerca y que se pueda conducir al pueblo y heredades derivándola si fuere posible, para mejor aprovecharse de ella, y los materiales necesarios para sus edificios, tierras de labor; cultura y pasto con que se excusarán el mucho trabajo y costas que se paguen a la distancia. No elijan sitios para poblar en lugares muy altos por la molestia de los vientos y dificultades del servicio y acarreo, ni en lugares muy bajos, porque pueden ser enfermos; fúndense en los medianamente levantados que gocen descubiertos los vientos del Norte y del Mediodía y si hubieren de tener sierras o cuestas sean por la parte del Levante o poniente;  y si no pudieren excusar estos lugares, funden en parte que no estén sujetos a nieblas, haciendo observación de lo que más convenga a la salud y accidentes que puedan ofrecer; y en caso de edificar en la ribera de algún rio, dispongan la población de modo que saliendo el sol dé primero en el pueblo que en el agua”.
            Dada la situación topográfica de Tuluá, el plan urbano, y el cumplido de todas las prescripciones del emperador y rey Carlos V, hacen presumir que su fundación se hizo por personas entendidas; falta saber quién la hizo y en que año.
            Tanto el año de fundación como el fundador de Tuluá, son puntos históricos bastante discutidos. Guillermo E. Martínez en su “Monografía” afirma que los terrenos en donde se levanta Tuluá, pertenecían en el año 1.572 a los conquistadores Hernán Muñoz y Esteban Sánchez Loranza, quienes en ese año vendieron al capitán Diego Fernández de Barbosa, dos estancias o fundos entre los ríos Tuluá y Morales.
            Anterior a la escritura a que hace mención el señor Martínez Núñez, existe una escritura de venta de fecha 22 de agosto de 1.562, en la notaría de Buga por la cual Rodrigo Díaz de Fuenmayor y su esposa Isabel, venden al capitán Diego Fernández de Barbosa las estancias que heredaron en el llano de Tuluá del capitán Alonso de Fuenmayor por cuarenta pesos de buen oro de veinte quilates.
            En la Notaría de Cali, existe la escritura de siete de mayo de 1.667, consistente en una carta de venta por medio de la cual Vasco Alfonso y Juan García Amaro, se obligan a pagar al Rey veinticinco pesos de veinte quilates por composición de una estancia de ganado barcino plantada en el rio Tuluá desde este rio hasta la quebrada Rica o Morales y desde los cerrillos primeros del llano para arriba hasta arcabuco alto y lomas que Francisca Hernández viuda de Diego Fernández Barbosa hizo como donación a su hija Ana, la esposa del otorgante Vasco Alfonso, el ocho de junio de 1.620, la cual Diego Fernández Barbosa compró a Hernán Arias y Micaela Garzón, su madre, en veinte de mayo de 1.625.
            Posterior a este documento, es la escritura de que ya hemos hecho mención, siguiendo “La Monografía de Tuluá”, y en el cual aparece que don Hernán Muñoz y don Esteban Sánchez Loranza vendieron al capitán don Diego Fernández de Barbosa “dos estancias de pan coger” entre los ríos Tuluá y Morales, que “juntas a la merced de sobras que en el año 1.585 le hizo D. Sancho García del Espinar, gobernador de estas provincias y a la compra celebrada con los señores Rodrigo Díaz de Fuenmayor e Isabel Díaz de Fuenmayor, esposos entre sí, el 22 agosto de 1.562, le constituyeron dueño absoluto de todo este terreno encajado entre los dos citados ríos de Tuluá y Morales desde la Sierra alta de los Pijaos al río Grande del Cauca.”
            En el archivo Central del Cauca, revisamos bastantes documentos para poder aclarar la fecha y el fundador de Tuluá, sin que nos fuera posible hallar alguno que hiciera relación.

            El Dr. Tulio E. Tascón, en su obra “La Conquista de Buga”, publicada en 1.924, sigue a este respecto a Martínez y estampa en relación con el concepto de aquel lo siguiente: “Consta en escrituras públicas que el capitán Juan de Lemos y Aguirre en 1.639 tenía ya unas casas en el sitio de Tuluá, las cuales sirvieron de base a la población que allí se formó. De modo que tuvo razón el señor Martínez para considerar al capitán Lemos como fundador de Tuluá, y solo erró en cuanto a la época en que supuso hecha la fundación”. 

DANIEL POTES LOZANO 

Escrito entre noviembre de 1.938 y diciembre de 1.938 impreso el 31 de diciembre de 1.938 en la tipografía Minerva de Tuluá. 

Se encuentra en la Biblioteca Universidad Eafit 

Título:Panorama histórico de Tuluá / Daniel Potes Lozano
Autor(es):Potes Lozano, Daniel autor
Editor:Tuluá : Tipografía Minerva, 1939
Temas:HISTORIA DE TULUATuluá (Valle del Cauca, Colombia) - Historia eclesiástica
Idioma:SPA
Clasificación986.1529P861
Descripción:
68 p. : il.

https://1drv.ms/b/s!As_3-5It4wjlun6gKbiYBGHFYUG6?e=0ov1MU

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