La Revista Dinero 419 de abril de 2013 a
publicado en su editorial la terapia de “choque” lo que me ha motivado a
publicar mi opinión de lo que está pasando en el país con los gobiernos
nacional y local,
Estábamos expectantes porque el diciembre pasado era
la catapulta que llevaría al país por los senderos del crecimiento, el
desarrollo y disminución de las desigualdades. Sorpresa, continuamos echándole
culpas aún a los gobiernos pasados y lo que se vislumbra en realidad es un
estancamiento que cada día es mayor, estancamiento porque las locomotoras
anunciadas no arrancan y las promesas de campaña se incumplieron. Cuando
pagamos el impuesto al patrimonio anterior fue una inversión, para mi caso fue
recuperado con creces ya que la tierra volvió a tener su valor con el
mejoramiento sustancial de la seguridad, para cuyo fin lo habíamos pagado, el
impuesto a patrimonio que pagamos en los dos últimos años supuestamente para la
mitigación de la ola invernal, no lo hemos visto y aún por la incompetencia de
los funcionarios, no se han efectuado las obras, ahora que estamos ad portas,
de una nueva ola invernal, veremos que las obras de mitigación no fueron
efectuadas.
Estoy seguro que las locomotoras y la inversión que el
país requiere, no se debe a que gobiernos pasados hicieron mal las cosas, como
intentan decir el gobierno Nacional y en especial el Local, si no que es a la
gran incompetencia de los funcionarios que integran esas administraciones y es
por eso que ya vamos para tres años del elección del Presidente y dos años de
la elección del Alcalde y no comienza la ejecución de las obras que
nos pondrán en competitividad con
los países con que hemos firmado los TLC y solo se han dedicado a
terminar algunas de los gobiernos anteriores y en otros casos por el contrario
las han detenido.
En campaña se prometió, no más impuestos, ya se cobro
el de al patrimonio y ahora la reforma tributaria y el PIPE que aunque lo
disfracen de que no es aumento, al final se terminara pagando mayor impuesto,
no está mal que se incrementen los ingresos del estado, lo que está mal es que
no sean invertidos para que se genere el crecimiento y desarrollo debido y con
ellos generando mayor desigualdad, estos aumentos los pagará la llamada clase
media asalariada. Además de este incumplimiento de la promesa de campaña, está
el otro gran incumplimiento, el dejar magullar "los tres huevitos",
la confianza inversionista, la seguridad y la cohesión social, ya hay
inversionistas buscando otros lares, la seguridad ni hablar, porque a futuro se
ve aún más deteriorada que hoy, y la cohesión social vemos en la infinidad de
paros como se ha resquebrajando y lo que es peor se está acrecentando la
brecha económica entre todos los Colombianos.
Estas reflexiones salen por un artículo que marca como
no se ha hecho nada y que se espera que ahora si se arranque, al mismo tiempo
sale por el anuncio de solicitud de ampliación del periodo de gobierno, debemos
buscar ejecutores que realmente si pongan al país a funcionar, no más quejas de
los gobiernos pasados, señores a Ustedes los elegimos para que nos gobiernen y
ejecuten en un periodo determinado, definitivamente los administradores con
grandes pergaminos otorgados por grandes universidades si no saben trabajar en
el barro porque no tienen la experiencia en el, no mueven las administraciones
y anquilosan un País. Démosle oportunidad a otros que si sean capaces de ejecutar.
PUBLICADO: 2013-04-17T18:00:00
Terapia de “choque”
La
mayoría de los elementos que incluye el plan de choque son cosas que se venían
haciendo, o se deberían estar haciendo desde antes. Es bienvenido, pero siguen
abiertos los temas estructurales.
Con bombos y
platillos el presidente Santos presentó el Plan de Impulso a la Productividad y
el Empleo, conocido con el cándido mote de “el Pipe”. La idea del Gobierno es
meterle pedal a una economía que se está desacelerando, como lo confirman los
resultados preliminares del primer trimestre. Por primera vez en diez años, las
ventas de alimentos procesados tuvieron un bajonazo. También es la primera vez
en mucho tiempo que los despachos de cemento se vienen al suelo. A eso se suman
los paros del Cerrejón y de los cafeteros, más una Semana Santa que cayó en
marzo y que afecta los resultados. De ahí que algunos economistas estén
esperando un crecimiento de la economía colombiana en el primer trimestre de
apenas 1%.
Las medidas son bienvenidas. Queda en el aire, sin embargo, la pregunta de si esto debería llamarse “plan de choque”, o es simplemente un conjunto de medidas que deberían estar en acción desde hace rato.
¿De qué se trata el “plan de choque”? Para mitigar la revaluación del peso, el Gobierno piensa ahorrar la plata de las regalías en el exterior. Eso generaría una demanda adicional de US$4.000 millones este año. Es un monto similar a lo que compró el Banco de la República durante todo el año pasado. La medida va en la dirección correcta, pero en el fondo es simplemente una estrategia de hedging: el crecimiento de la economía de Estados Unidos tendrá que recuperarse en algún momento y la política monetaria extraordinariamente laxa que viene aplicando ese país deberá cambiar también. Cuando eso ocurra, las tasas de interés en Estados Unidos subirán de nuevo y los depósitos en dólares lucirán como una buena inversión. Es bueno tener parte del portafolio en dólares para aprovechar ese escenario.
En materia tributaria, la idea es tener una retención en la fuente para el nuevo CREE de 1,5% para el sector minero, mientras que para la industria, el agro y el comercio será de apenas 0,3%. Esto tiene sentido en cualquier caso: si es posible aliviar la carga de impuestos para la industria y la agricultura, hay que hacerlo, con crisis o sin crisis.
Para reducir los altos costos de la energía, el Gobierno va a eliminar las sobretasas de 20% para la industria y 8% para el gas. Ayuda, pero quedan dudas respecto a si esto sí puede inducir una reducción sustancial en los costos de la energía para la industria. Hay problemas más de fondo en las normas que garantizan al negocio de distribución de energía eléctrica un retorno de 16%, y al de transmisión de 9% en los primeros 25 años del proyecto. Allí está la verdadera barrera a la reducción de esos costos. En comercio exterior, el plan de choque prevé que se mantendrá hasta agosto de 2015, como mínimo, la política de cero arancel para 3.094 partidas arancelarias de bienes de capital y materias primas no producidas en el país. La pregunta es: si estos bienes no se producen en el país, ¿por qué tienen arancel?
No deberíamos tener que recurrir a un plan de choque para retirarlos. Y no debería quedar sobre la mesa la idea de que volverán a tener efecto en 2015. También se anuncia cárcel a los contrabandistas, pie de fuerza para la policía y compras de escáneres para las aduanas. ¿Se necesitaba un plan de choque para hacer esto?
En infraestructura se anuncian $711.000 millones para acelerar la ejecución de carreteras en marcha. Más que bienvenidos, pero, ¿la aceleración de la construcción de obras públicas no hacía parte ya de los planes?
Se anuncian también para la compra de vivienda, con un subsidio a la tasa de interés para hogares de clase media, la cual pasará del 12.5% a 7% anual. Se subsidiará la tasa de 32.000 viviendas. Es bueno que se trate de un número limitado de viviendas, pues estos subsidios se crean rápidamente, pero luego desmontarlos es todo un problema. Los subsidios generales a los intereses sobre la vivienda se convierten en el largo plazo en un estímulo a las alzas de precios de los inmuebles, que generan una transferencia de los compradores a los constructores y banqueros.
Sin duda, el plan es un esfuerzo encomiable, sin estridencias ni anuncios bobalicones. Así mismo, no es un giro ni un relanzamiento, ni una aplicación de medidas extraordinarias para enfrentar una situación extraordinaria. Es, en la gran mayoría de sus componentes, un paquete de cosas que se venían haciendo o se deberían estar haciendo desde antes.
Quedan ahí los temas estructurales. Por ejemplo, en materia de empleo, el plan de choque es casi insignificante en la práctica. Dice Planeación Nacional con gran orgullo que durante la ejecución del Plan se crearán entre 300.000 y 350.000 puestos de trabajo. Sin embargo, la cifra es mínima frente a los más de 3 millones de desempleados que hay en el país. El problema del desempleo no se resuelve con planes de choque. Es estructural. Con el plan de choque, el Gobierno parece querer responder a una realidad concreta, y es que la era de los commodities caros está llegando a su fin y los precios de las materias primas vienen todos para abajo.
La locomotora minero-energética va a menor velocidad que en años pasados. Es vital que la industria y el agro recuperen el terreno perdido para soportar los embates que vienen, derivados de un desplome en los precios del carbón, el oro y el petróleo y varios de nuestros principales productos de exportación.
Desde esta perspectiva, el plan de choque luce como un esfuerzo para ajustar la transición de la economía hacia ese nuevo escenario. Es buena idea, así se llame plan de choque.
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