Palabras en la homilía del 22 de junio de 2009 por parte del Inspector Provincial reverendo padre Vidal Niebles Ordoñez quien la presidio junto con 45 sacerdotes Salesianos en la ciudad de Medellín en la Parroquia del Sufragio.
EXEQUIAS DEL PADRE JAIME POTES ROLDÁN
Queridos hermanos salesianos
Hermanos y hermanas miembros de la Familia salesiana
Familia Potes Roldan
Con la tristeza por la partida de un salesiano sacerdote muy benemérito para la Inspectoria salesiana San Luis Beltrán de Medellín y de la Congregación Salesiana en Colombia, pero con la fe puesta en la Resurrección de Cristo y de su promesa de vida eterna para sus discípulos, nos encontramos reunidos en esta tarde por el vinculo de la caridad fraterna, para orar por nuestro hermano Jaime Potes Roldán para orar con él, y para agradecer al Señor, el haberlo dado a la Familia Salesiana, a la Congregación, a la Iglesia. La palabra de Dios se centra en el episodio del Señor que se transfigura delante de los tres apóstoles privilegiados y ello tiene un simbolismo muy de acuerdo al momento que nos congrega, Un itinerario de viaje que nos remite a la prueba en medio de la luz fulgurante del rostro del Hijo de Dios. Lo esencial del mensaje remite a una realidad profunda; en medio del acontecimiento está el misterio de Cristo con sus dos fases, una luminosa y la otra oscura. Cruz y gloria, negación y exaltación, debilidad y potencia, muerte y vida.
EXEQUIAS DEL PADRE JAIME POTES ROLDÁN
Queridos hermanos salesianos
Hermanos y hermanas miembros de la Familia salesiana
Familia Potes Roldan
Con la tristeza por la partida de un salesiano sacerdote muy benemérito para la Inspectoria salesiana San Luis Beltrán de Medellín y de la Congregación Salesiana en Colombia, pero con la fe puesta en la Resurrección de Cristo y de su promesa de vida eterna para sus discípulos, nos encontramos reunidos en esta tarde por el vinculo de la caridad fraterna, para orar por nuestro hermano Jaime Potes Roldán para orar con él, y para agradecer al Señor, el haberlo dado a la Familia Salesiana, a la Congregación, a la Iglesia. La palabra de Dios se centra en el episodio del Señor que se transfigura delante de los tres apóstoles privilegiados y ello tiene un simbolismo muy de acuerdo al momento que nos congrega, Un itinerario de viaje que nos remite a la prueba en medio de la luz fulgurante del rostro del Hijo de Dios. Lo esencial del mensaje remite a una realidad profunda; en medio del acontecimiento está el misterio de Cristo con sus dos fases, una luminosa y la otra oscura. Cruz y gloria, negación y exaltación, debilidad y potencia, muerte y vida.
Toda una pedagogía de Jesús en las confrontaciones con los discípulos. Difícil digerir la sabiduría de Dios que se manifiesta en la paradoja de la cruz. Arduo escoger la debilidad como lugar donde se manifiesta la Potencia de Dios. No basta responder con la exactitud de Pedro, sobre la identidad del Señor. Hay que aceptar su camino, hacerlo nuestro. Hay que vivir el drama de la pasión para merecer la luz de la resurrección. Pasar de la desfiguración a la transfiguración.
No se trata de ver resplandeciente al señor maravillarse, sino tomar en serio su mensaje, su Evangelio. Dejarse arrastrar por sus palabras. Nuestra transformación y renovación dependerá de la capacidad de escucha. El discípulo no es el hombre de las visiones sino de la escucha.
Y que significativo y elocuente es vivir este día en que hacemos memoria e historia salesiana, el estar despidiendo a un salesiano que escucho un día la voz del Señor, y sintiéndose privilegiado por el amor de Cristo se hace su discípulo y apóstol, y transformándose en hombre nuevo por el bautismo vive la plenitud del sacramento que se hace ofrenda con la profesión de los consejos evangélicos dentro vida religiosa salesiana y ungido sacerdote del sumo y eterno sacerdote del Padre, Cristo ha vivido el misterio pascual de su maestro con su cruz asumiendo la hora de la muerte y su segura glorificación. De seguro ya el padre Jaime Potes Roldán, esta transformado, glorificado por la misericordia de Dios y la fidelidad a las llamadas que el Señor le hizo a lo largo de su vida, bautismal, religiosa y sacerdotal.
Había nacido el padre Jaime Potes, en la ciudad de Tuluá, en el Valle del Cauca, el 19 de junio de 1924 del hogar de Agobardo Potes Vivas y Tulia Roldan Martínez, de varios hermanos de los que les sobrevive su hermana Lucía. Que cada año venía de Estados Unidos a acompañarlo, asistirlo durante días que le daba consolación y fortaleza a su hermano. Había cumplido, hace pocos días 85 años, 62 de ser salesiano de Don Bosco, y 56 de sacerdocio.
Inicia su camino salesiano desde niño como alumno del Colegio Salesiano de su ciudad y luego va a terminar su bachillerato en el Colegio León XIII de Bogotá, donde fue compañero de estudios del P.Briceño que lo acompañó también como compañero de enfermedad y dolencias en sus último años de vida. De ahí pasa a hacer su Noviciado en Bogotá-Usaquén, para profesar el 31 de enero de 1947, y sigue en su preparación filosófica hasta culminar sus estudios, y pasar así a la experiencia del magisterio o tirocinio práctico como formador de aspirantes durante dos años y a Cali, el Instituto Don Bosco en el último año de tirocinio. Su entrega total la sella con la profesión perpetua, en Mosquera otro 31 de enero del año 50.
Recibe su ordenación sacerdotal, en la ciudad de Bogotá, el 19 de septiembre del 53 de manos de Mons. Julio Caicedo Téllez, obispo salesiano de Barranquilla y Cali, dando comienzo así a su fecundo ministerio sacerdotal a lo largo y ancho de la Colombia salesiana, sus primicias sacerdotales en Mosquera, como ecónomo del Aspirantado salesiano y continúa con su perfil de formador los años siguientes en el seminario Conciliar de Barranquilla, en el Filosofado Salesiano de Rionegro y en el Aspirantado de la Ceja. Fueron 8 años, donde seguramente en tiempos de exigencia, disciplina, y cuidadosos criterios formativos y estricta selección de formadores, los superiores vieron en él al hombre moralmente intachable, transparente y cumplidor de sus deberes sacerdotales, de vida piadosa, que combinados con su inteligencia práctica, fino humor y vida franca y sin ambages, era prenda y garantía de testimonio eficaz. Su orientación de servicio a la comunidad fue en la línea de la administración y economía. Luego de su periplo de formador pasa a Pasto, en la obra salesiana también como ecónomo sólo un año para sumir luego por tres años la dirección del Instituto de Cali, en los años 64 al 67.
De su experiencia sacerdotal y apostólica también recibieron de los dones de su ministerio, el Pedro Justo Berrio, el Colegio del Sufragio, Ibagué tanto en la Parroquia del Carmen como en la Obra de San Jorge, Popayán y en Pereira, en todas ellas como ecónomo, hasta sus último tiempos de vida activa cuando llega a la parroquia de María Auxiliadora en Tuluá, su tierra durante 15 años ya sea como vicario y párroco, y confesor permanente de los jóvenes del Colegio. Ahí le tocó presidir y acompañar a su familia en la muerte de sus hermanos que siempre lo tuvieron como referente de unión e instrumento de fraterna dedicación hacia ellos.
La enfermedad lo trae de nuevo a Medellín a la casa de salud donde llega un 10 de junio de 2005 donde inicia su verdadero calvario de lucha entre la vida y la muerte de un trajinar de intervenciones y traslados en clínica y tratamientos sólo derrotadas por la realidad del sufrimiento y de la muerte que el Papa Benedicto XVI ha definido como los interrogantes existenciales sin respuesta. Pues el sufrimiento constituye un enigma indescifrable para la razón. Y de verdad que ese sufrimiento tocó todo el ser y el estar del padre Jaime Potes, al que tantas veces le pedí por las vocaciones y la santidad de los salesianos de nuestra inspectoría salesiana y el aumento de las vocaciones.
Se nos va un salesiano integro, recto y sin ambigüedades, límpido y transparente, como sus ojos luminosos y azules que se fueron poco a poco apagando. Vale la pena dar un adiós y poder hablar con propiedad y sin invenciones acomodadas del testimonio de un sacerdote salesiano a carta cabal. Cuando uno hace memoria de un salesiano como el padre Jaime, sabedores de encontrarnos con un hombre que ha vivido el espíritu de las Bienaventuranzas , y que ha encarnado ese artículo 62 de nuestras constituciones que nos habla del testimonio personal como el signo más convincente de nuestro anuncio evangélico, no debemos sentirnos tristes y derrotados, sino alegres y felices porque el grano que vamos a sepultar ya ha fructificado en obras y acciones de fecundo apostolado y testimonio resplandeciente.
Estamos despidiendo a uno de esos salesianos que se constituían un patrimonio y un monumento vivo de fidelidad y autenticidad, Hasta el último momento de su vida salesiano dedicado a ser y estar con su comunidad….. Ya impedido en principio de su enfermedad en silla de ruedas, estuvo atento a las prácticas de piedad comunitarias, a la fidelidad a su eucaristía diaria, y a su apego asiduo y ferviente de su meditación y rezo del rosario. Amante de la liturgia…siempre se distinguió por su defensa de sana liturgia que observa la digna presentación del celebrante y la sobriedad de los gestos y lo señalado por las rubricas que para el dan seriedad y comprometen en la fe y no en espectáculo…. Responsable y trabajador, de gran austeridad y radical en su pobreza, contratando su capacidad y desprendimiento de frente a sus orígenes proveniente de una familia acomodada y solvente económicamente.
De temperamento fuerte y empeñativo, y de decisiones firmes y radicales, era estricto y exigente consigo mismo, sincero y muy coherente, no se acomodaba fácilmente a la novedad y a los gritos de toda clase de novelerías en la tradición de la Iglesia o en la Congregación. Por eso con franqueza y sin acomodos personales lo que pensaba lo decía ya abiertamente rechazaba, primando en él su conciencia recta y observante que seguramente defendía porque atentaban contra la tradición salesiana y el magisterio de la Iglesia.
Firme y Seguro en sus convicciones, pero de relaciones respetuosas, cordiales y fraternas con los salesianos que convivió, dando ejemplo de valores que fundamentan la vida de comunidad. Para él la puntualidad, la observancia de los momentos comunitarios de la oración, y la presencia física del salesiano en todos los actos comunitarios eran el tesoro y norma. Y dio de ello ejemplo, hasta los últimos momentos de su vida, antes de caer postrado en su lecho de enfermo en la casa de salud de nuestra inspectorìa donde se fue consumiendo poco a poco y padeciendo altibajos, caídas y una capacidad de resurgir y recuperarse de forma asombrosa. Fue una lucha que afrontaba con el deseo de vivir y la angustia de la partida. El Señor lo probó por varios años, en un drama que duró casi cinco años. Se fue ayer domingo, cuando sus hermanos salesianos llegábamos a los retiros espirituales. En Rionegro recibimos la noticia y la compartimos con la tristeza de su partida pero con la alegría de verlo ya en reposo, paz y contemplando a su Señor, a su María Auxiliadora que tanto amó y que muchísimas veces durante años y en su último apostolado en su ciudad de Tuluá, que tanto venera a nuestra Madre, recorrió sus calles con el rosario de aurora, las procesiones y celebraciones a nuestra Señora.
Al acompañar al padre Jaime en su marcha a la casa del Padre, se lo encomendamos en este momento de Pascua salesiana. Silenciosa y amorosa nos acompaña en nuestra tristeza y a la vez alegría cristiana, con su compasión maternal, y de ello estamos ciertos no solo porque Don Bosco nos la señala como maestra, sino porque Jesús, en su hora suprema, nos confió a ella en la persona del discípulo amado como madre, por tanto ella es ahora para el padre Jaime la auxiliadora que lo toma de su mano y lo conduce a la gloria eterna. Que así sea.
P.Vidal Niebles O, sdb
Medellín, Junio 22 del 2009
No hay comentarios:
Publicar un comentario